Más allá del miedo: cómo aprender de China sin renunciar a nuestros valores

Un experto en estrategia comercial con más de veinte años de experiencia en China nos invita a recalibrar nuestra visión del gigante asiático. En "El calibrador de estrellas", nos propone aprender de su éxito sin renunciar a nuestros valores occidentales.
Más allá del miedo: cómo aprender de China sin renunciar a nuestros valores
Julio Ceballos
Julio Ceballos

Para quienes aún no le conocen, ¿podría contarnos brevemente sobre su trayectoria y cómo llegó a convertirse en un experto en China?

La primera premisa es huir de la etiqueta “experto en China”: no existen los expertos en China (y, si los hay, son chinos). Soy consultor de negocio, especializado en estrategia comercial y desarrollo de mercado en China. Nací en Reinosa, uno de los rincones más fríos de España, pero acabé trabajando en el lugar donde más rápido ha subido la temperatura geopolítica en las últimas décadas. Llevo más de veinte años asesorando a empresas europeas a desarrollar su negocio el mercado chino. Esa experiencia directa me ha permitido ver, vivir y entender desde dentro la impresionante transformación de China, sus códigos y sus estrategias. Y eso es lo que he querido compartir en El calibrador de estrellas: las claves de su éxito que Occidente no puede seguir ignorando.

¿Qué le motivó a escribir El calibrador de estrellas y qué puede esperar el lector de este libro?

Este libro nace de la necesidad urgente de “recalibrar” nuestro modelo occidental, fortaleciendo sus ventajas pero dotándolo de más eficacia, pragmatismo y agilidad. No desde el miedo ni la nostalgia, sino desde la ambición y el aprendizaje. En El calibrador de estrellas propongo dieciocho “plug-ins” o buenas prácticas que Europa podría adoptar para fortalecerse. No idealizo ni glorifico a China, pero sí reconozco que su éxito no ha sido un accidente, sino fruto de esfuerzo, visión a largo plazo y una obsesión por la excelencia, el mérito y el talento. En el complejo y ultracompetitivo siglo XXI en que vivimos, el aprendizaje es la mejor estrategia competitiva.

Occidente y el "miedo" a China

En muchos medios se presenta a China como una amenaza para Occidente. Desde su experiencia, ¿cree que realmente deberíamos temer su avance?

China sólo amenaza la hegemonía occidental en el planeta, pero no amenaza nuestros valores, nuestro estilo de vida ni nuestra cultura. La inquietud y el recelo que provocan su ascenso son comprensibles, pero no debemos dejar que nos paralicen: al contrario, debemos emplear esa ansiedad que provoca el ascenso chino para perfeccionar nuestro modelo. China es un competidor, sí, pero también puede ser un maestro. El verdadero peligro no es China, sino nuestra falta de estrategia. El miedo bloquea, el aprendizaje impulsa. Lo que realmente deberíamos temer es nuestra inacción, nuestro cortoplacismo y el declive que resulta de vivir de rentas pasadas sin capacidad de reinventarnos.

¿Cuáles son los principales malentendidos que tenemos en Occidente sobre China y su modelo de desarrollo?

Tres grandes errores: uno, verla aún con lentes de Guerra Fría; dos, creer que su éxito es un “milagro” en lugar del resultado de una estrategia bien planificada y mucho esfuerzo en su implementación; y tres, pensar que podemos contenerla sin alternativas. China no se pregunta si algo es comunista o capitalista: se pregunta si funciona. Ese pragmatismo, ese criterio de eficacia, es lo que debemos incorporar, cuanto antes, a nuestro modelo para perfeccionarlo.

En su opinión, ¿qué podemos aprender de China sin renunciar a nuestros valores occidentales?

Muchísimo. Mi libro es un alegato a favor de la democracia, del sistema liberal, multipartidista y participativo, pero debemos evolucionarlo para que no pierda eficacia. Para ello, de China podemos aprender su obsesión por la educación, su planificación a largo plazo, su capacidad de ejecutar sin perderse en debates bizantinos. Tenemos claro también que no debemos copiar su autoritarismo, su control del disenso o su vigilancia. Pero no hace falta imitar para inspirarse. Se trata de adaptar con inteligencia, no de adoptar sin juicio. Los chinos nos estudian permanentemente con ánimo pragmático. Del mismo modo que su modelo no nos sirve a nosotros, tampoco el nuestro, en bloque, les sirve a ellos, pero eso no frena su continuo aprendizaje.

PORTADA_El calibrador de estrellas
PORTADA_El calibrador de estrellas

China como potencia global

¿Cómo afecta la relación China-Estados Unidos al resto del mundo y qué papel debería jugar Europa en este contexto?

La rivalidad China-EE.UU. marca el nuevo orden global, pero Europa no puede limitarse a ser un espectador, un actor secundario o un peón. Necesita reclamar nuestro papel como actor estratégico con voz propia. EE.UU. ya no es un socio tan confiable como antes. Europa debe fortalecer su autonomía estratégica, jugar su propio juego y dejar de actuar como un satélite transatlántico. En este nuevo mundo multipolar, la relevancia se mide en autonomía, no en dependencia y esta no se mendiga: se construye. Para ello, debemos “recalibrar” nuestras herramientas, estrategias y expectativas. También el modo en el que nos relacionamos y colaboramos con China. En mi libro desgrano un listado de buenas prácticas que podrían ayudarnos mucho a ello.

El modelo de desarrollo chino y su impacto

En términos económicos, ¿qué sectores lidera China actualmente y en cuáles todavía depende de Occidente?

China lidera sectores clave: inteligencia artificial, energías renovables, transporte e infraestructura digital. También ha capturado buena parte de la cadena de valor de los minerales estratégicos. Aun así, sigue dependiendo de Occidente en chips de última generación y ciertos componentes tecnológicos de alto valor añadido. Pero está decidida a cerrar esas brechas, y lo está haciendo con una velocidad impresionante. Dicen los chinos, con razón, que “el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El mejor momento es ahora”. No vamos pronto pero tampoco es demasiado tarde para “recalibrar” nuestras estrategias.

¿Cómo afecta el crecimiento de China a las economías emergentes y a los países en vías de desarrollo?

China se ha convertido en el principal socio comercial de muchas economías emergentes, especialmente en África y América Latina. Está desplazando a Europa en influencia y acceso a materias primas. Su estrategia no es solo económica: es también diplomática y cultural y pasa por ocupar el espacio que Europa y EE.UU. han desatendido: facilitan tecnología, financiación e infraestructuras al Sur Global sin apenas exigencias políticas. Eso nos obliga a espabilar. Si no lo hacemos, perderemos relevancia en regiones que históricamente han estado más cerca de nosotros.

Geopolítica y futuro de las relaciones con China

En el actual contexto de tensiones entre China y Occidente, ¿cree que hay riesgo de una nueva Guerra Fría?

Solo si seguimos viendo el mundo con categorías del pasado. China no quiere una Guerra Fría, quiere un mundo multipolar donde pueda decidir sin pedir permiso. Un mundo que no sólo funcione con reglas occidentales. El problema es que muchos en Occidente siguen empeñados en conservar una hegemonía que ya no existe. La alternativa a una nueva Guerra Fría es la cooperación estratégica inteligente: competir donde sea necesario, colaborar donde sea posible.

¿Cómo imagina el mundo dentro de 20 años si China sigue avanzando al ritmo actual?

Un mundo más asiático y menos occidental. Un mundo más diverso y más digital. Un mundo menos ideológico y más pragmático. Un mundo más competitivo y menos benévolo. Si Europa no se reinventa, perderá protagonismo. Pero si entendemos esta década como una ventana para reformar nuestras instituciones, invertir en educación, digitalización y defensa, aún podemos ser un polo relevante y, sobre todo, mantener buena parte del bienestar que hemos construido. El futuro no está escrito. Pero sin estrategia, otros lo escribirán por nosotros.

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Próximos proyectos

Mañana jueves presenta su libro *El calibrador de estrellas*. ¿Qué nos puede adelantar sobre esta presentación?

Va a ser un encuentro abierto y enriquecedor. No doy lecciones, nadie puede sentar cátedra sobre China. Además, China no es la panacea, ellos tienen problemas parecidos a los nuestros (pero de envergadura infinitamente mayor) y también están perfeccionando su sistema. Lo que yo pretendo es abrir conversaciones, generar un debate, plantear una reflexión urgente. Quiero que los asistentes se pregunten: ¿qué podemos aprender de China sin dejar de ser nosotros mismos? La presentación en Galicia es especial para mí, porque es una tierra que históricamente ha sabido abrirse al mundo. Este ha sido polo tradicional de gente emprendedora, de emigrantes, de gente con ganas de salir adelante.

¿Qué le gustaría que los lectores se llevaran después de leer El calibrador de estrellas?

Una sensación de urgencia, pero también de posibilidad. Mi libro es pragmático, constructivo y optimista. No tiene sentido seguir mirándonos el ombligo, pero tampoco caer en el catastrofismo. Quiero que quienes se acerquen a la charla y a mi libro comprendan que no estamos condenados al declive. Que hay herramientas, ideas y estrategias —algunas inspiradas por China, otras por nuestra propia historia de logros y esfuerzos— que pueden ayudarnos a revitalizar nuestro modelo. El libro es, en el fondo, una invitación a despertar y a repensarnos. Hablo de China, sí, pero sobre todo hablo de nuestro futuro.

¿Tiene nuevos proyectos en mente o un próximo libro en camino?

Siempre. Sigo acompañando a empresas que quieren entender y entrar en China. A eso me dedico y este trabajo me permite seguir aprendiendo. Y claro, tengo ya en mente nuevos proyectos, porque el mundo cambia rápido y necesitamos mapas nuevos para navegarlo. Y nuevas brújulas que nos orienten y ayuden a “recalibrar” nuestro futuro. Pero eso, por ahora, ni siquiera está aún en el horno…sólo en mi cabeza.

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