Os Mallos
Piel verde y corazón de cuero
El entorno de Os Mallos soportó grandes carencias durante las primeras décadas del siglo pasado, cuando apenas contaba con servicios públicos.

El pasado rústico y agrario de Os Mallos se integra en el propio nombre actual del barrio, una referencia directa a la herramienta utilizada para separar el grano de la paja azotando espigas. El proceso de urbanización del lugar experimentó una acelerón con la inauguración de la estación de tren de San Cristóbal en los años 40 del siglo pasado, y el desarrollismo asociado a décadas posteriores lo convirtió en una zona de gran densidad demográfica.
La hemeroteca gallega muestra indicaciones relevantes sobre el estilo de vida en aquel ambiente rural que contrasta con fuerza con el aspecto y las costumbres del mismo enclave a día de hoy, si bien revela un carácter humilde, comprometido, reivindicativo y solidario que se palpa en el presente, cuando son necesarios otros servicios públicos, se reclaman zonas verdes y existe una diversidad comercial moderna en la que destaca el afán de lucha colectiva de las tiendas de proximidad.
Algunos de los nombres más recurrentes cuando la prensa local publicaba textos sobre este lugar eran Coiramia, en el país del cuero en un sentido imaginativo, y A Parromeira. En ocasiones se diferencian puntos concretos de esta área territorial con expresiones como “Parromeira de Arriba” y “Parromeira de Abajo”, o se incluye la palabra gallega “agra” junto a esa denominación para remarcar la esencia rural del sitio en las primeras décadas del siglo XX.
Cultivos, fábricas y escasa urbanización
La presencia e importancia del mantenimiento y las mejoras de un lavadero público situado en Os Mallos resulta evidente por las abundantes referencias a este servicio durante esa primera mitad de siglo en los periódicos coruñeses. A nivel laboral, representó un papel importante en los años 20 y 30 la fábrica de calzado del exitoso industrial noiés Ángel Senra, que llegó a ser alcalde durante unos meses tras la proclamación de la II República. Esta enorme instalación atrajo a cientos de obreros y produjo calzado que llegó a exportarse fuera de nuestras fronteras.
El periódico El Orzán, en un artículo de octubre de 1926, describe A Parromeira como un “pintoresco lugar, uno de los más sanos y hermosos del pueblo por su magnífico emplazamiento y sus espléndidas vistas y al mismo tiempo paraje que está destinado a ser el centro de un nutrido núcleo urbano”. En el mismo texto se lamenta, sin embargo, la “desidia municipal” en torno a este proceso.
La misma publicación recoge unos años más tarde, en 1930, las quejas de “un vecino de Coiramia” durante una sesión del Ayuntamiento en la que explica que la corporación “cobra de los propietarios de casas de aquel barrio el impuesto del alcantarillado, a pesar de que éste no existe”, y añade que “se carece allí de agua y de luz” y “por casualidad se ve por allí al servicio de limpieza pública”.
A la espera de servicios básicos
Un apartado publicado en verano de 1931 en El Ideal Gallego plasma que A Parromeira, ubicada “en uno de los límites de la ciudad, está completamente desatendida, faltándole los servicios más indispensables de higiene e urbanización”. El artículo especifica que “se trata de una barriada compuesta de unas ciento o más viviendas”, y detalla la carencia de pavimentación y aceras, pues “el piso se halla en peores condiciones que el de la más remota aldea”.
El mismo texto subraya “el inconcebible caso de estar aislados de la población por carecer de comunicación de tránsito”, apunta de nuevo la ausencia de servicio de limpieza y agrega que, “respecto al alumbrado, sólo disponen de tres bombillas en toda la barriada”, por lo que este diario considera en tal momento “justísimas las quejas de aquel abandonado vecindario”.
La historia continúa hasta ir dando forma a un barrio tradicional más identificable con el aspecto urbano del presente, pero nombres como Coiramia y A Parromeira se van esfumando progresivamente de la hemeroteca en los años 70 y 80, con la avenida dos Mallos cruzando ya el lugar que un día fue tan notablemente verde.